Era un pueblo pequeño que sobresalía por su tranquilidad, limpieza y orden. Pero un día todo eso iba a ser cambiado y tranquilidad no sería nunca más sinónimo de este pueblo.
Una tarde ya abrazada por la noche, mostraba el inicio de ese periodo en el cual los temores comienzan a surgir.
La familia Spence dio inicio a una nueva vida llena de paz; paz que pensaban encontrar en este pequeño pueblo, pero tranquilidad es lo que menos hallarían.
Luego de unos pocos días de establecidos, la familia Spence comenzó a interrelacionarse con sus vecinos. Peter, un joven de unos 17 años de edad empezó a formar amigos, personas de mala fama en todo el pueblo.
Peter,
que desde siempre había sido bueno y obediente a sus padres, era consumido cada noche por sus anhelos más recónditos.
Cada noche se le veía a Peter y sus “amigos” rondar por la noche, destruyendo jardines y tirando piedras a los carros.
Sus padres comenzaron a notar el cambio en Peter y así se dio el inicio de una batalla que existe desde el principio de la creación: la batalla padres-hijos.
En su vano intento de castigar a su hijo Peter, recibían por recompensa la total ignorancia de este.
Padres contra hijos e hijos contra padres; una batalla que no conoce el final y cual único beneficiado era aquél cuya felicidad reside en el odio.
Susan, la madre del hijo cuyo corazón de piedra se rompía lentamente, puso un límite a su preciado hijo mas la consecuencia fue el frío ardor de un cuchillo que le mostró la infelicidad de su infante.
Gota a gota corría la sangre por la mano de Peter, que sostenía el puño de su ira clavada en su madre. Mas no solo gotas de sangre se derramaban poco a poco sino, ahora, también lágrimas de amor, un amor silenciado por la oscuridad.
El corazón de Peter se destrozó totalmente y por primera vez vio la tristeza cara a cara.
Sus manos frías y sus ojos cubiertos de ese líquido puro, cuyo nombre es lágrimas, mostraban el dolor de un acto que no tenía retroceso.
En eso, el resto de su familia entró en la habitación.
Sus rostros, blancos como la nieve, contemplaban la horrible cara de la muerte.
La mano temblorosa del padre tomó el teléfono y con su voz quebrada cual comparación
no alcanza
la de su corazón, dio aviso de lo que sus ojos tristemente observaban.
Al poco rato, unos hombres de ropas azules llevaban a Peter al lugar donde encontraría la muerte.
Cada minuto una hora era y en su cabeza, Peter, al fin descubrió que el resultado de la oscuridad es la tristeza y corazones rotos.
El líquido corrió a través de la jeringa al brazo y de ahí al resto del cuerpo de Peter, dándole así una muerte física, puesto que el muchacho cuyo corazón decidió regalar a la nada, había muerto con su madre.
Este cuento lo hice yo, y todos los
derechos le pertenecen a ®Dru S,A.